Realidades distintas requieren productos diferenciados

En el Perú no existe una adecuada cultura del ahorro, y esto es a nivel nacional; es decir, tanto en lima como en provincias, tanto en hombres como mujeres, tanto en jóvenes como adultos, etc. Es así que solo el 40% de la población activamente económica (PEA –a partir de los 15 años– ahorra; mientras que el 60% restante no puede hacerlo debido a ingresos bajos o variables.

Según una encuesta realizada por IPSOS –encargada por la Asociación de AFP– se observó que el la frecuencia de pago que aseguran tener los trabajadores es bastante volátil, pues el 17% indicó que los pagos se les hace quincenal, el 35% aseguró que es mensual, y el 45% afirma que sus ingresos son irregulares. Esta realidad, dificulta los esfuerzos de ahorro en la población.

Un gran porcentaje de los trabajadores peruanos se encuentra dentro del sector informal –como es sabido, el 73% de nuestra PEA– y no cuenta con cobertura de pensión o salud, lo que los hace vulnerables en la época de jubilación, y los obliga a seguir buscando recursos para obtener el dinero requerido.

Fuente: INEI

Por ejemplo, el ser jefe de familia a los 70 años de edad –como Francisco (video 1)– es una situación de vulnerabilidad. Escenario que, según el INEI, tiene un 27% de reincidencia, lo que quiere decir que, en el contexto peruano, casi 8mil personas de 60 años a más, se hacen cargo económicamente de su familia. Lo que finalmente deriva en que el 55% de adultos mayores sea aún parte de la PEA.

Además, tenemos que tener en cuenta que las condiciones físicas y mentales de una persona de 60 años o más no son aptas para laborar, y es complicado que ésta población encuentre un trabajo digno y bien remunerado, por lo que muchas veces, caen en pobreza. El índice de pobreza de personas de 60 a 64 años de edad exclusivamente es de 14%.

Para poder evitar que más de ellos lleguen a la vejez sin ningún tipo de protección es necesario adaptar los productos previsionales existentes (Retiro Programado, Renta Vitalicia Familiar, Renta Vitalicia Diferida) o crear nuevos productos que tomen en cuenta las características de sus ingresos y necesidades.

Estos productos previsionales deberían contar con características como contribuciones flexibles, coaseguros de salud o subsidios estatales que premien el esfuerzo al ahorro de las personas, así sea mínimo, que se valore y premie el esfuerzo hecho. Asimismo, debería garantizar la portabilidad económica y otorgar facilidades de aporte según el periodo convenido por el afiliado. Sin embargo, la regulación existente del sistema privado de pensiones, no permite que se hagan ajustes en los productos previsionales para que se adecuen a las distintas necesidades que hoy encontramos. Se tiene que avanzar en esa línea.



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